Lenin: Enero-febrero, 1916: La Revolución Socialista y el decrecho de las naciones a la autodeterminación (Tesis)
La Revolución Socialista y el decrecho de las naciones a la autodeterminación (Tesis)
fue escrito por Lenin en enero-febrero de 1916. Publicado en alemán en abril de 1916, en el Nº 2 de la revista Vorbote, y en ruso en octubre de 1916, en el Nº 1 de Sbórnik Sotsial-Demokrata.Digitalizado para la RED VASCA ROJA por Juan Mª (López de Sá y de) Madariaga. Enero, 2000.
1. EL IMPERIALISMO, EL SOCIALISMO Y LA LIBERACIÓN DE LAS NACIONES OPRIMIDAS
El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo. En los países avanzados, el capital ha rebasado el marco de los Estados nacionales, ha sustituido la competencia con el monopolio, creando todas las premisas objetivas de la realización del socialismo. Por eso, en Europa Occidental y en los Estados Unidos está planteada en el orden del día la lucha revolucionaria del proletariado por el derrocamiento de los gobiernos capitalistas, por la expropiación de la burguesía. El imperialismo empuja a las masas a esa lucha al exacerbar en proporciones inmensas las contradicciones de clase, al empeorar la situación de las masas tanto en lo económico -trusts, carestía- como en lo político: crecimiento del militarismo, mayor frecuencia de las guerras, recrudescencia de la reacción, afianzamiento y ampliación del yugo nacional y del saqueo colonial. El socialismo triunfante debe implantar necesariamente la democracia completa y, por consiguiente, no sólo hacer efectiva la plena igualdad de derechos de las naciones, sino también convertir en realidad el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, es decir, el derecho de libre separación política. Los partidos socialistas que no demuestren con toda su actividad tanto hoy como durante la revolución y después de triunfar ésta que liberarán a las naciones oprimidas y establecerán con ellas relaciones basadas en la libre alianza -y la libre alianza no es más que una frase embustera sin la libertad de separación-, esos partidos cometerán una traición al socialismo.
Claro está que la democracia es también una forma de Estado, que deberá desaparecer junto con él, pero eso ocurrirá sólo cuando se pase del socialismo, definitivamente vencedor y consolidado, al comunismo completo.
2. LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA
La revolución socialista no es un acto único, no es una batalla en un solo frente, sino toda una época de exacerbados conflictos de clases, una larga serie de batallas en todos los frentes, es decir, en todas las cuestiones de la economía y de la política, que pueden culminar únicamente en la expropiación de la burguesía. Constituiría un profundísimo error pensar que la lucha por la democracia puede apartar al proletariado de la revolución socialista, o atenuar ésta, velarla, cte. Al contrario, de la misma manera que es imposible un socialismo triunfante que no implante la democracia completa, es imposible también que se prepare para la victoria sobre la burguesía un proletariado que no sostenga una lucha múltiple, consecuente y revolucionaria por la democracia.
No menos erróneo sería eliminar uno de los puntos del programa democrático, la autodeterminación de las naciones, por ejemplo, basándose en el supuesto de que es "irrealizable" o "ilusoria" en el imperialismo. La afirmación de que el derecho de las naciones a la autodeterminación es irrealizable en el marco del capitalismo puede ser comprendida en un sentido absoluto, económico, o en un sentido relativo, político.
En el primer caso es profundamente errónea desde el punto de vista teórico. En primer lugar, en ese sentido son irrealizables en el capitalismo, por ejemplo, los bonos de trabajo o la abolición de las crisis, cte. Es completamente equivocado que sea irrealizable de la misma manera la autodeterminación de las naciones. En segundo lugar, incluso el solo ejemplo de la separación de Noruega de Suecia en 1905 basta para refutar la "irrealizabilidad" en este sentido. En tercer lugar, sería ridículo negar que con un pequeño cambio de las relaciones políticas y estratégicas, por ejemplo, de Alemania e Inglaterra, hoy o mañana es plenamente "realizable" la formación de nuevos Estados: polaco, hindú, ete. En cuarto lugar, el capital financiero en sus afanes de expansión, comprará y sobornará "libremente" al Gobierno más republicano, más libre y más democrático y a los funcionarios electivos de cualquier país, aunque sea "independiente". El dominio del capital financiero, como el del capital en general, no puede ser eliminado por ninguna transformación en el terreno de la democracia política; y la autodeterminación corresponde integra y exclusivamente a este terreno. Pero ese dominio del capital financiero no anula en lo más mínimo la importancia de la democracia política como una forma más libre, amplia y clara de la opresión de clase y de la lucha de clases. Por eso, todos los razonamientos acerca de que, bajo el capitalismo, es "irrealizable" en el sentido económico una de las reivindicaciones de la democracia política, entraban una definición errónea, desde el punto de vista teórico, de las relaciones generales y fundamentales existentes -entre el capitalismo y la democracia política en general.
En el segundo caso, esa afirmación es incompleta e inexacta. Porque no sólo el derecho de las naciones a la autodeterminación, sino todas las reivindicaciones básicas de la democracia política son "realizables" en el imperialismo únicamente de modo incompleto, desfigurado y a título de rara excepción (por ejemplo, la separación de Noruega de Suecia en 1905). La reivindicación de liberación inmediata de las colonias, propugnada por todos los socialdemócratas revolucionarios, es también "irrealizable" en el capitalismo sin una serie de revoluciones. Mas de ello no se deduce, en modo alguno, que la socialdemocracia deba renunciar a la lucha inmediata y más decidida por todas esas reivindicaciones (semejante renuncia no sería más que hacer el juego a la burguesía y a la reacción), sino precisamente lo contrario: la necesidad de formular y satisfacer todas esas reivindicaciones no de modo reformista, sino revolucionario, no limitándose al marco de la legalidad burguesa, sino rompiéndolo; no dándose por satisfechos con discursos parlamentarios y protestas verbales, sino arrastrando a las masas a la lucha activa, ampliando y atizando la lucha por toda reivindicación democrática fundamental hasta llegar al ataque directo del proletariado a la burguesía, es decir, a la revolución socialista, que expropia a la burguesía. La revolución socialista puede estallar no sólo con motivo de una gran huelga, o de una manifestación callejera, o de un motín de hambrientos, o de una sublevación militar, o de una insurrección colonial, sino también con motivo de cualquier crisis política, como el asunto Dreyfus, o el incidente de Zabern, o de un referéndum en torno a la separación de naciones oprimidas, etc.
La recrudescencia de la opresión nacional en el imperialismo hace necesario para la socialdemocracia no renunciar a la lucha "utópica", como la califica la burguesía, por la libertad de separación de las naciones, sino, al contrario, utilizar enérgicamente los conflictos que surgen también en este terreno como pretextos para la acción de masas y los movimientos revolucionarios contra la burguesía.
3. EL SIGNIFICADO DEL DERECHO DE AUTODETERMINACIÓN Y SU RELACIÓN CON LA FEDERACIÓN
El derecho de autodeterminación de las naciones significa exclusivamente el derecho a la independencia en el sentido político, a la libre separación política de la nación opresora. Concretamente, esta reivindicación de la democracia política significa la plena libertad de agitación en pro de la separación y de que ésta sea decidida por medio de un referéndum de la nación que desea separarse. Por tanto, esta reivindicación no equivale en absoluto a la de separación, fraccionamiento y formación de Estados pequeños. No es más que una expresión consecuente de la lucha contra toda opresión nacional. Cuanto más se acerque el régimen democrático del Estado a la plena libertad de separación, más débiles y raras serán en la práctica las aspiraciones de separación, pues son indudables las ventajas de los Estados grandes, tanto desde el punto de vista del progreso económico como desde el punto de vista de los intereses de las masas, con la particularidad de que esas ventajas crecen sin cesar al mismo tiempo que el capitalismo. El reconocimiento de la autodeterminación no equivale al reconocimiento de la federación como principio. Se puede ser enemigo decidido de este principio y partidario del centralismo democrático, pero preferir la federación a la desigualdad nacional, viendo en aquélla el único camino capaz de conducir al pleno centralismo democrático. Precisamente desde este punto de vista, Marx, que era centralista, prefería incluso la federación de Irlanda con Inglaterra al sometimiento violento de Irlanda por los ingleses.
El objetivo del socialismo no consiste sólo en acabar con el fraccionamiento de la humanidad en Estados pequeños y con todo aislamiento de las naciones, no consiste sólo en acercar a las naciones, sino también en fundirlas. Y precisamente para alcanzar este objetivo, debemos, de una parte, explicar a las masas el carácter reaccionario de la idea de Renner y O. Bauer sobre la llamada "autonomía nacional-cultural", y, de otra parte, reclamar la liberación de las naciones oprimidas no con vagas frases generales, no con declaraciones hueras, no "aplazando" la cuestión hasta el socialismo, sino en un programa político formulado con claridad y exactitud, que tenga en cuenta especialmente la hipocresía y la cobardía de los socialistas de las naciones opresoras. De la misma manera que la humanidad podrá llegar a la destrucción de las clases sólo a través del período de transición que significa la dictadura de la clase oprimida, de esa misma manera, la humanidad podrá llegar a la ineluctable fusión de las naciones sólo a través del período de transición que significa la emancipación completa de todas las naciones oprimidas, es decir, su libertad de separación.
4. EL PLANTEAMIENTO REVOLUCIONARIO PROLETARIO DEL PROBLEMA DE LA AUTODETERMINACIÓN DE LAS NACIONES
Tanto la reivindicación de autodeterminación de las naciones como todos los puntos de nuestro programa mínimo democrático fueron planteados ya antes, en los siglos XVII y XVIII, por la pequeña burguesía. Y la pequeña burguesía sigue planteando utópicamente todos esos puntos, sin ver la lucha de clases y su intensificación con la democracia, confiando en el capitalismo "pacífico". Así es, precisamente, la utopía de la alianza pacifica de las naciones iguales en derechos bajo el imperialismo, utopía que defienden los kautskianos y que engaña al pueblo. En contraposición a esta utopía pequeñoburguesa, oportunista, el programa de la socialdemocracia debe presentar como lo fundamental, como lo más esencial e inevitable bajo el imperialismo, la división de las naciones en opresoras y oprimidas.
El proletariado de las naciones opresoras no puede limitarse a frases generales y estereotipadas, repetidas por cualquier burgués pacifista, contra las anexiones y en favor de la igualdad de derechos de las naciones en abstracto. El proletariado no puede guardar silencio acerca de la cuestión, particularmente "desagradable" para la burguesía imperialista, de las fronteras del Estado basado en la opresión nacional. El proletariado no puede dejar de luchar contra la retención violenta de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado dado, y eso significa luchar por el derecho a la autodeterminación. El proletariado debe reivindicar la libertad de separación política para las colonias y naciones oprimidas por "su" nación. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado quedará en un concepto huero y verbal; resultarán imposibles la confianza y la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora; quedará sin desenmascarar la hipocresía de los defensores reformistas y kautskianos de la autodeterminación, que no hablan de las naciones oprimidas por "su propia" nación y retenidas por la violencia en "su propio" Estado.
Por otra parte, los socialistas de las naciones oprimidas deben defender y aplicar especialmente la unidad total y absoluta, incluyendo la unidad orgánica, entre los obreros de la nación oprimida y los de la nación opresora. De otro modo, con todas las maniobras, traiciones y trampas de la burguesía, resultaría imposible defender la política independiente del proletariado y su solidaridad de clase con el proletariado de otros países, ya que la burguesía de las naciones oprimidas convierte constantemente las consignas de liberación nacional en un engaño para los obreros: en la política interior, utiliza estas consignas para concluir acuerdos reaccionarios con la burguesía de las naciones dominantes (por ejemplo, los polacos en Austria y Rusia, que se confabulan con la reacción para oprimir a los hebreos y a los ucranianos); en la política exterior trata de lograr componendas con una de las potencias imperialistas competidoras a fin de realizar sus objetivos de rapiña (la política de los Estados pequeños en los Balcanes, etc.).
La circunstancia de que la lucha por la libertad nacional contra una potencia imperialista pueda ser aprovechada, en determinadas condiciones, por otra "gran" potencia para conseguir fines igualmente imperialistas no puede obligar a la socialdemocracia a renunciar al reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación, de la misma manera que los repetidos casos de utilización de las consignas republicanas por la burguesía con fines de fraude político y de saqueo financiero (por ejemplo, en los países latinos) no pueden obligar a los socialdemócratas a renunciar a su republicanismo(1).
5. EL MARXISMO Y EL PROUDHONISMO ANTE LA CUESTIÓN NACIONAL
Contrariamente a los demócratas pequeñoburgueses, Marx veía en todas las reivindicaciones democráticas, sin excepción, no algo absoluto, sino la manifestación histórica de la lucha de las masas populares dirigidas por la burguesía contra el feudalismo. Cualquiera de estas reivindicaciones puede ser utilizada y ha sido utilizada, en determinadas circunstancias, por la burguesía como medio para engañar a los obreros. Destacar en este sentido una de las reivindicaciones de la democracia política, precisamente la autodeterminación de las naciones, y contraponerla a las demás, es profundamente erróneo desde el punto de vista teórico. En la práctica, el proletariado sólo puede conservar su independencia si subordina su lucha por todas las reivindicaciones democráticas -sin excluir la de República- a su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía.
Por otra parte, contrariamente a los proudhonistas, que "negaban" la cuestión nacional "en nombre de la revolución social", Marx, teniendo en cuenta sobre todo los intereses de la lucha de clase del proletariado en los países avanzados, destacaba al primer plano el principio fundamental del internacionalismo y del socialismo: el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre. Precisamente desde el punto de vista de los intereses del movimiento revolucionario de los obreros alemanes, Marx exigía en 1848 que la democracia triunfante en Alemania proclamase y pusiese en práctica la libertad de los pueblos oprimidos por los alemanes. Precisamente partiendo del punto de vista de la lucha revolucionaria de los obreros ingleses, Marx exigía en 1869 la separación de Irlanda de Inglaterra, añadiendo: "aunque después de la separación se llegue a la federación". Sólo planteando semejante reivindicación, Marx educaba de verdad a los obreros ingleses en el espíritu internacionalista. Sólo así pudo oponer Marx a los oportunistas y al reformismo burgués -que incluso hoy, pasado medio siglo, no ha realizado aún la "reforma" irlandesa- una solución revolucionaria de esta tarea histórica. Sólo así, en oposición a los apologistas del capital, que proclamaban a gritos el carácter utópico e irrealizable de la libertad de separación de las pequeñas naciones y el carácter progresivo de la concentración tanto económica como política, pudo Marx defender al modo no imperialista el carácter progresivo de esta concentración, defender el acercamiento de las naciones sobre la base de la libre unión de los proletarios de todos los países y no sobre la base de la coacción. Sólo así pudo oponer Marx al reconocimiento de palabra -y muchas veces hipócrita- de la igualdad de derechos y de la autodeterminación de las naciones la acción revolucionaria de las masas también en el terreno de la solución de las cuestiones nacionales. La guerra imperialista de 1914-1916 y los establos de Augias de la hipocresía de los oportunistas y kautskianos, revela dos por ella, han confirmado elocuentemente la certeza de esta política de Marx, que debe servir de modelo para todos los países avanzados, puesto que, en la actualidad, cada uno de ellos oprime a otras naciones(2).
6. TRES TIPOS DE PAÍSES EN EL TERRENO DE LA AUTODETERMINACIÓN DE LAS NACIONES
En este terreno hay que distinguir tres tipos principales de países:
Primero, los países capitalistas avanzados de Europa Occidental y los Estados Unidos. En ellos han terminado hace mucho los movimientos nacionales burgueses progresivos. Cada una de estas "grandes" naciones oprime a otras naciones en las colonias y dentro del país. Las tareas del proletariado de las naciones dominantes son allí exactamente las mismas que tenía en Inglaterra en el siglo XIX con relación a Irlanda(3).
Segundo, el Este de Europa: Austria, los Balcanes y, sobre todo, Rusia. Precisamente el siglo XX ha desarrollado en ellos de modo singular los movimientos nacionales democrático-burgueses y ha exacerbado la lucha nacional. Las tareas del proletariado de esos países, tanto en la culminación de sus transformaciones democrático-burguesas como en la ayuda a la revolución socialista de otros Estados, no pueden ser cumplidas sin defender el derecho de las naciones a la autodeterminación. En ello es singularmente difícil e importante la tarea de fundir la lucha de clase de los obreros de las naciones opresoras y de los obreros de las naciones oprimidas.
Tercero, los países semicoloniales, como China, Persia y Turquía, y todas las colonias, que suman juntos cerca de 1.000 millones de habitantes. En ellos, los movimientos democrático-burgueses en parte acaban de empezar, en parte están lejos de haber terminado. Los socialistas no deben limitarse a exigir la inmediata liberación absoluta, sin rescate, de las colonias, reivindicación que, en su expresión política, significa precisamente el reconocimiento del derecho a la autodeterminación; los socialistas deber apoyar con la mayor decisión a los elementos más revolucionarios de los movimientos de liberación nacional democrático-burgueses en dichos países y ayudar a su insurrección -y, llegado el caso, a su guerra revolucionaria- contra las potencias imperialistas que les oprimen.
7. EL SOCIALCHOVINISMO Y LA AUTODETERMINACIÓN DE LAS NACIONES
La época imperialista y la guerra de 1914-1916 han planteado de modo especial la tarea de luchar contra el chovinismo y el nacionalismo en los países avanzados. En el problema de la autodeterminación de las naciones existen dos matices principales entre los socialchovinistas, es decir, entre los oportunistas y kautskianos, que embellecen la guerra imperialista, reaccionaria, aplicándole el concepto de "defensa de la patria".
De una parte, vemos a lacayos bastante descarados de la burguesía que defienden las anexiones, alegando que el imperialismo y la concentración política son progresivos, y que niegan el derecho de autodeterminación, calificándolo de utópico, ilusorio, pequeñoburgués, etc. Entre ellos figuran Cunow, Parvus y los mayores oportunistas en Alemania, una parte de los fabianos y de los jefes de las Trade Unions en Inglaterra y los oportunistas en Rusia: Semkovski, Libman, Yurkévich, etc.
De otra parte, vemos a los kautskianos, entre los que debe incluirse también a Vandervelde, Renaudel, muchos pacifistas de Inglaterra y de Francia, etc. Son partidarios de la unidad con los primeros y, en la práctica, coinciden plenamente con ellos al defender el derecho de autodeterminación de una manera puramente verbal e hipócrita: consideran "excesiva" ("zu viel verlangt": Kautsky en Neue Zeit, 21 de mayo de 1915) la reivindicación de libertad de separación política, no sostienen la necesidad de la táctica revolucionaria de los socialistas precisamente de las naciones opresoras, sino que, por el contrario, velan sus obligaciones revolucionarias, justifican su oportunismo, les ayudan a engañar al pueblo, dan de lado precisamente el problema de las fronteras del Estado que retiene por la fuerza en su seno a naciones con derechos mermados, etc.
Unos y otros son por igual oportunistas que prostituyen el marxismo, pues han perdido toda capacidad para comprender la importancia teórica y la esencia práctica de la táctica de Marx, explicada por él con el ejemplo de Irlanda.
Por lo que se refiere, en particular, a las anexiones, el problema ha adquirido singular actualidad con motivo de la guerra. Pero ¿qué es una anexión? Es fácil convencerse de que la protesta contra las anexiones se reduce a reconocer la autodeterminación de las naciones o se basa en la frase pacifista, que defiende el statu quo y se opone a toda violencia, incluso la revolucionaria. Semejante frase es profundamente falsa e inconciliable con el marxismo.
8. LAS TAREAS CONCRETAS DEL PROLETARIADO EN EL FUTURO INMEDIATO
La revolución socialista puede empezar en el futuro más inmediato. En ese caso, surgirá ante el proletariado la tarea urgente de conquistar el Poder, expropiar los bancos y aplicar otras medidas dictatoriales. La burguesía -y sobre todo los intelectuales del tipo de los fabianos y kautskianos- tratará, en ese momento, de fraccionar y frenar la revolución, imponiéndole objetivos limitados, democráticos. Si todas las reivindicaciones puramente democráticas son capaces, cuando el proletariado ha iniciado ya el asalto de las bases del Poder de la burguesía, de desempeñar en cierto sentido el papel de obstáculo de la revolución, la necesidad de proclamar y hacer efectiva la libertad de todos los pueblos oprimidos (es decir, su derecho a la autodeterminación) será tan esencial en la revolución socialista como lo fue para la victoria de la revolución democrático-burguesa, por ejemplo, en Alemania en 1848 o en Rusia en 1905.
Puede ocurrir, sin embargo, que pasen cinco o diez años, e incluso más, antes de que empiece la revolución socialista. Se planteará entonces la tarea de la educación revolucionaria de las masas para impedir que los chovinistas y oportunistas socialistas puedan pertenecer al partido obrero y triunfar como lo hicieron en 1914-1916. Los socialistas deberán explicar a las masas que procederán como chovinistas, como lacayos de las monarquías imperialistas y de la burguesía imperialista, cubiertos de sangre y lodo, los socialistas ingleses que no exijan la libertad de separación de las colonias y de Irlanda; los socialistas alemanes que no exijan la libertad de separación de las colonias, de los alsacianos, daneses y polacos, que no extiendan directamente la propaganda revolucionaria y las acciones revolucionarias de masas al terreno de la lucha contra la opresión nacional ni utilicen incidentes como el de Zabern para la más amplia propaganda ilegal entre el proletariado de la nación opresora, para manifestaciones en la calle y para acciones revolucionarias de masas; los socialistas rusos que no exijan la libertad de separación de Finlandia, Polonia, Ucrania, etc., etc.
9. ACTITUD DE LA SOCIALDEMOCRACIA DE RUSIA Y DE POLONIA Y DE LA IIª INTERNACIONAL ANTE LA AUTODETERMINACIÓN
Las discrepancias entre los socialdemócratas revolucionarios de Rusia y los socialdemócratas polacos en el problema de la autodeterminación salieron a la luz ya en 1903, en el Congreso que aprobó el Programa del POSDR y que, pese a la protesta de la delegación polaca, incluyó en ese programa el § 9, que reconoce el derecho de las naciones a la autodeterminación. Desde entonces, los socialdemócratas polacos no han repetido ni una sola vez, en nombre de su partido, la propuesta de excluir el § 9 del programa de nuestro Partido o de sustituirlo por cualquier otra fórmula.
En Rusia, donde pertenece a las naciones oprimidas no menos del 57% de la población (más de 100 millones); donde estas naciones pueblan, primordialmente, las regiones periféricas; donde una parte de estas naciones es más culta que los rusos; donde el régimen político se distingue por su carácter singularmente bárbaro y medieval; donde no ha terminado aún la revolución democrático-burguesa; en Rusia, el reconocimiento del derecho de las naciones oprimidas por el zarismo a separarse libremente de ella es absolutamente obligatorio para los socialdemócratas, en nombre de sus tareas democráticas y socialistas. Nuestro Partido, reconstituido en enero de 1912, aprobó en 1913 una resolución que ratificaba el derecho de autodeterminación, explicándolo precisamente con el significado concreto expuesto más arriba. El desenfreno del chovinismo ruso en 1914-1916 tanto entre la burguesa como entre los socialistas oportunistas (Rubanóvich, Plejánov, Nashe Dielo, etc.) nos impele más aún a insistir en esta reivindicación y a reconocer que quienes la niegan apoyan, en la práctica, al chovinismo ruso y al zarismo. Nuestro Partido declara que declina del modo más decidido toda responsabilidad por semejante actuación contra el derecho de autodeterminación.
La fórmula más reciente de la posición que mantiene la socialdemocracia polaca en el problema nacional (declaración de la socialdemocracia polaca en la Conferencia de Zimmerwald) contiene las siguientes ideas:
Esta declaración estigmatiza al Gobierno alemán y a todos los demás que ven en las "regiones polacas" una garantía en el futuro juego de las compensaciones, "privando al pueblo polaco de la posibilidad de decidir por sí mismo su destino". "La socialdemocracia polaca protesta enérgica y solemnemente contra el hecho de que sea recortado y despedazado todo un país"... Fustiga a los socialistas que han confiado a los Hohenzollern... "la causa de la liberación de los pueblos oprimidos". Expresa el convencimiento de que sólo la participación en la próxima lucha, en la lucha por el socialismo del proletariado revolucionario internacional, "romperá las cadenas de la opresión nacional y destruirá todas las formas de dominación extranjera, asegurará al pueblo polaco la posibilidad de desarrollarse libremente en todos los aspectos como un miembro con iguales derechos en la unión de los pueblos". La declaración reconoce que la guerra es "doblemente fratricida" "para los polacos". (Boletín de la Comisión Socialista Internacional, Nº 2, 27 de septiembre de 1915, pág. 15; traducido al ruso en la recopilación La Internacional y la guerra, pág. 97).
En el fondo, estas tesis no se diferencian en nada del reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación, aunque pecan de mayor vaguedad e imprecisión de las fórmulas políticas que la mayoría de los programas y resoluciones de la IIª Internacional. Cualquier intento de expresar estas ideas en fórmulas políticas exactas y de determinar su aplicación al régimen capitalista o sólo al régimen socialista mostrará con mayor claridad aún cuán errónea es la negación de la autodeterminación de las naciones por los socialdemócratas polacos.
El acuerdo del Congreso Socialista Internacional de Londres (1896), que reconoce la autodeterminación de las naciones, debe ser completado, sobre la base de las tesis expuestas más arriba, indicando: 1) la importancia especial de esta reivindicación bajo el imperialismo; 2) el convencionalismo político y el contenido clasista de todas las reivindicaciones de la democracia política, comprendida la reivindicación que nos ocupa, 3) la necesidad de diferenciar las tareas concretas de los socialdemócratas de las naciones opresoras y las de los socialdemócratas de las naciones oprimidas; 4) el reconocimiento inconsecuente, puramente verbal y, debido a ello, hipócrita por su significación política, de la autodeterminación por los oportunistas y kautskianos; 5) la coincidencia, de hecho, con los chovinistas por parte de aquellos socialdemócratas, sobre todo de las naciones dominantes (rusos, angloamericanos, alemanes, franceses, italianos, japoneses, etc.), que no defienden la libertad de separación de las colonias y naciones oprimidas por "sus" naciones; 6) la necesidad de supeditar la lucha por esta reivindicación, como por todas las reivindicaciones fundamentales de la democracia política, a la lucha revolucionaria directa de las masas por el derrocamiento de los gobiernos burgueses y por la realización del socialismo.
Trasladar a la Internacional el punto de vista de algunas naciones pequeñas, en particular de los socialdemócratas polacos -a quienes su lucha contra la burguesía polaca, que engaña al pueblo con consignas nacionalistas, ha llevado a la negación equivocada de la autodeterminación- constituiría un error teórico, la sustitución del marxismo por el proudhonismo, y significaría, en la práctica, un apoyo involuntario al más peligroso chovinismo y oportunismo de las naciones dominantes.
La Redacción de "Sotsial-Demokrat", Órgano Central del POSDR
Postscriptum. En el número de Neue Zeit del 3 de marzo de 1916, que acaba de aparecer, Kautsky tiende abiertamente la mano cristiana de la reconciliación al representante del chovinismo alemán más repulsivo, Austerlitz, negando a la Austria de los Habsburgo la libertad de separación de las naciones oprimidas, pero reconociéndosela a la Polonia rusa, a fin de prestar un servicio lacayuno a Hindenburg y a Guillermo II. ¡¡Seria difícil desear un mejor autodesenmascaramiento del kautskismo!!
(1) Huelga decir que sería el colmo del ridículo rechazar el derecho a la autodeterminación debido a que de él se desprende,
supuestamente, la "defensa de la patria". Con la misma razón -es decir, con la misma falta de seriedad-, los socialchovinistas
invocan en 1914-1916 para justificar la "defensa de la patria" cualquier reivindicación de la democracia (por ejemplo, su
republicanismo) y cualquier fórmula de la lucha contra la opresión nacional. El marxismo deduce el reconocimiento de la
defensa de la patria en las guerras de la gran revolución francesa, por ejemplo, o en las guerras de Garibaldl, en Europa, así
como la negación de la defensa de la patria en la guerra imperialista de 1914-1916, del análisis de las particularidades
históricas concretas de cada guerra, y en modo alguno de cualquier "principio general", de cualquier punto aislado del
programa.
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(2) Se alude con frecuencia -últimamente lo ha hecho, por ejemplo, el chovinista alemán Lensch en los números 8 y 9 de Die
Glocke- a la oposición de Marx al movimiento nacional de algunos pueblos, por ejemplo, de los checos en 1848, afirmándose
que refuta la necesidad de reconocer la autodeterminación de las naciones desde el punto de vista del marxismo. Mas eso no
es cierto, pues en 1848 existían fundamentos históricos y políticos para establecer una diferencia entre naciones "reaccionarias"
y naciones democrático-revolucionarias. Marx tenía razón al condenar a las primeras y defender a las segundas. El derecho
a la autodeterminación es una reivindicación democrática que, naturalmente, debe ser subordinada a los intereses generales
de la democracia. En 1848 y en los años posteriores, estos intereses generales consistían, en primer término, en luchar contra
el zarismo.
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(3) En algunos Estados pequeños que han quedado al margen de la guerra de 1914-1916, por ejemplo, en Holanda y Suiza,
la burguesía utiliza intensamente la consigna de "autodeterminación de las naciones" para justificar la participación en la guerra
imperialista. Ese es uno de los motivos que impelen a los socialdemócratas de dichos países a negar la autodeterminación.
Defienden con argumentos injustos la justa política proletaria, a saber: la negación de la "defensa de la patria" en la guerra
imperialista. En el terreno de la teoría resulta una tergiversación del marxismo; en el terreno de la práctica. una especie de
estrechez de criterio de pequeña nación, un olvido de los centenares de millones de habitantes de las naciones sojuzgadas
por las "grandes potencias". En su magnífico folleto El imperialismo, la guerra y la socialdemocracia, el camarada Gorter niega
equivocadamente el principio de la autodeterminación de las naciones, pero lo aplica con acierto al exigir la inmediata
"independencia política y nacional" de la India Holandesa y al desenmascarar a los oportunistas que se niegan a presentar
dicha reivindicación y a luchar por ella.
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